Adioses

Llegado un punto tal de la existencia, nuestra vida se convierte en un desfile de funerales. Se diría que es un festín acudir, entierro tras entierro, a despedir a aquellos que un día fueron referencias cotidianas. Sin embargo no es así y el mundo se despuebla de esos seres referenciales y se convierte en un museo de soledad. ?Cuán contradictoria es nuestra naturaleza que se muestra titubeante en los momentos más certeros!

Antropología

Timoratos, pueblerinos, catetos de pura cepa, no damos con la clave de la cuestión, que no es otra que la de reconocernos como somos, quizás con la certeza que ni para bien ni para mal debemos cambiar.

Videncia

El futuro no puede predecirse en bien de nuestra tranquilidad. ?O acaso hay alguien que, plantado ante un espejo, pueda aguantar su propio ex abrupto? Sería demasiado atrevimiento el comprobarnos distintos a la bondad que de nosotros tenemos y continuar viviendo.

Hallazgo

El origen de la conciencia debió suceder en aquel instante donde el ser humano despertó, de su nada a la muerte, y comprendió la agonía que le rodeaba. La agonía de todas las cosas corrompibles que van mutando su estructura orgánica hasta descomponerse. Ingrato descubrimiento.

Inéditos

Siempre pienso en escribir todo lo que mi mente ingenia, pero soy incapaz de materializar mis pensamientos, de ahí que mis mejores libros estén inéditos. Los demás reposan ya sobre el papel arruinándome mi prestigio de escritor.

La Palabra

Al observar como unos jóvenes, que juegan un partido de fútbol, discuten y discuten en árabe una y otra vez, me doy cuenta de cómo tantas veces pierden valor las palabras. Después recuerdo que en la web http://www.prometeoenlared.com/ hay un poema de Paco Ayudarte donde se lee lo siguiente:

Son tan pocas
las palabras
que nos quedan en pie
pasado el tiempo!

Blues

Si el ser humano realizara el esfuerzo de reconocerse en los defectos de sus semejantes -en sus propios errores-, qué paso tan importante daría para comprenderse a sí mismo.

El derecho a la pereza

Si me tumbo al sol y recibo su amable presencia, comprendo cuánto de razón tienen los que activan su pereza y olvidan otras manifestaciones indignas de la holganza y el buen sestear. A fin de cuentas estamos condenados al padecimiento de la existencia.