El cielo está repartido para unos pocos si hacemos caso a lo que escribió San Pablo en su primera carta a los corintios (6:9-10):
¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios.
Visto lo visto, las parcelas del cielo van a estar bien vacías.