Uno de los tiempos más infamemente perdido por los seres humanos es aquel empleado en el estudio de la Teología. Si la idea de dios nace de la irracionalidad del pensamiento humano, de su incapacidad para comprender su dimensión existencial y del absurdo de vivir, invertir tiempo en este asunto es una miserable pérdida de tiempo. ?Para qué ahondar en tama?a inutilidad? Pobres teólogos.
Quien sea capaz de expresarse en aforismos no debiera malgastarse en artículos. (Karl Kraus) Más aún que en el poema, es en el aforismo donde la palabra es dios. (E.M. Cioran)
Solitario
Si ante el dolor estamos solos, ante la escritura más. La creación es un acto de profunda soledad. No hay más que mirar a Dios lo solo que está rodeado de eternidad. Antes y después de crear a los seres humanos –un pasatiempo- o a sus ángeles y arcángeles, su naturaleza lo encarcela en el aislamiento.
Ofensas
Los partidarios de una fe se sienten ofendidos cuando desde otra opción, religiosa o no, consideran que se ha hecho un sacrilegio contra a su dios. Entonces sus fieles se empe?an en castigar a quienes han realizado tal ofensa y olvidan el perdón y la misericordia. Y me pregunto ?no sería más lógico dejar en manos del propio dios el castigo a aplicar? En todo caso a quien se critica es al hacedor de todas las cosas, él debería ser entonces el encargado de solucionar el problema.
Sospecho entonces que si los creyentes se toman la justicia por su mano es que no tienen demasiada fe en su creencia. Si la tuvieran dejarían hacer a su dios o acaso necesita que lo defiendan.
El pecado
La culpa y su perdón entretejen el nudo metafísico de religiones como la hebrea y la cristiana. En los castigos divinos que Dios mandaba destruir ciudades (Sodoma y Gomorra), por ser sus moradores pecadores e idólatras, no veía desde mi ingenuidad infantil justicia en el cielo. Los destruía con fuego porque andaban de fiesta hedonista. Y pensaba –mientras veía una película histórica- cómo se podía ser tan cruel y destruir a esas bellas mujeres de cuerpos voluptuosos y sensuales. Desde entonces pienso que o Dios es celoso y envidioso o no le gustan para nada las mujeres. Si no a qué tanto afán en destruir esos hermosos cuerpos (por no hablar del resto de la población, ni?os incluidos).
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